Villancico -Remediad, señora mía, pues podéis. -Señor, no me lo mandéis. -El remedio de mi vida de vos lo espero, señora. -Pues tened, señor, perdida esperança, por agora. -O cruel remediadora, ¿no queréis? -Señor, no me lo mandéis. Mal remedio tenéis luego si vos de mí lo esperáis. -Señora, por Dios os ruego, tal cosa no me digáis, que si mi pena miráios sí haréis. -Señor, no me lo mandéis. -Siempre me siguen dolores por seros aficionado. -¿Pues por qué tenéis amores con quien sois tan desdichado? -Y si soy de amor forçado ¿qué diréis? -Señor, no me lo mandéis. No procuréis de servirme que no entiendo remediaros. -Ni yo, señora, partirme de buscar en qué agradaros, que no podéis escusaros si queréis. -Señor, no me lo mandéis. -Aunque mi mal me condene, vos sois la que me condena. -No soy, pues que queréis que pene por librar a vos de pena. -Pues que mi fe es tanto buena no dudéis. -Señor, no me lo mandéis. Si gran fe tenéis comigo mudad vuestra confiança. -Señora, con tal castigo nunca amor hizo mudança. Antes cumplid mi esperança pues podéis. -Señor, no me lo mandéis. Fin. -Dad, señora, ya algún medio como mi vida no muera. -Yo, señor, daré remedio cuando razón lo requiera. -Señora, luego quisiera pues podéis. -Señor, no me lo mandéis. Texto de Juan del Encina Archivos asociados: EncinaII.pdf EncinaII.mid

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